Juventud en situación de vulnerabilidad y el paso a la vida adulta: la labor clave del educador social
La transición desde la juventud hacia la edad adulta representa una etapa especialmente delicada del desarrollo personal. Este proceso resulta aún más complejo para aquellas personas jóvenes que han crecido en entornos de vulnerabilidad social o que no cuentan con una red familiar estable que les proporcione respaldo emocional y material.
En el contexto español, este tránsito está condicionado por numerosos factores estructurales, institucionales y personales, lo que hace imprescindible la intervención de profesionales especializados y organizaciones sociales. En este escenario, las educadoras y educadores sociales, junto con las entidades del Tercer Sector, desempeñan una función esencial para promover la inclusión social, la autonomía y la participación activa de estos jóvenes, especialmente cuando sus trayectorias vitales han estado marcadas por la precariedad.
Vulnerabilidad social en el tránsito a la edad adulta
Dentro de los colectivos más expuestos a situaciones de exclusión se encuentran los y las jóvenes que han pasado por el sistema de protección a la infancia, tanto durante la tutela como tras su salida. De acuerdo con estudios recientes ( Condiciones de vida tras salir del sistema de protección en España), cerca de un 40 % de estos jóvenes se sitúan en riesgo de pobreza o exclusión social, una cifra considerablemente superior a la media de la población general. Cada año, miles de personas alcanzan la mayoría de edad y deben abandonar el sistema de acogida sin contar con una red familiar sólida, ingresos estables ni referentes afectivos duraderos.
Esta realidad pone de relieve una paradoja significativa: mientras que la edad media de emancipación en España se sitúa alrededor de los 30 años, los jóvenes extutelados se ven forzados a asumir una independencia plena a los 18. Esta situación incrementa de forma notable su vulnerabilidad económica, social y emocional, dificultando la finalización de sus estudios, el acceso al empleo estable y la construcción de un proyecto de vida viable.
Otros informes (Personas Jóvenes en extutela y/o en riesgo social) señalan carencias añadidas, como la falta de cobertura sanitaria, la presencia de problemas de salud o discapacidad y la ausencia de vínculos afectivos de apoyo. Todo ello evidencia la necesidad de intervenciones socioeducativas específicas, continuadas en el tiempo y enfocadas no solo en la atención inmediata, sino también en el acompañamiento estructurado hacia la vida adulta.
A esta realidad se suman otros perfiles juveniles que comparten condiciones similares de desprotección, como los jóvenes migrantes no acompañados al alcanzar la mayoría de edad o personas con trayectorias previas de exclusión social, pobreza o abandono. Más allá de las dificultades de acceso a vivienda o empleo, estos jóvenes arrastran a menudo una fragilidad emocional derivada de la ausencia de redes de apoyo, lo que intensifica su situación de riesgo.
El valor del acompañamiento socioeducativo
La figura del educador o educadora social especializada en intervención socioeducativa trabaja con el objetivo de favorecer el bienestar, la autonomía y la inclusión de personas y colectivos vulnerables. En el contexto de la transición a la vida adulta, su intervención adquiere un valor estratégico por diversos motivos.
Acompañamiento individualizado e integral
La intervención socioeducativa va mucho más allá de facilitar recursos o información. Se basa en un acompañamiento continuo y personalizado, adaptado a las capacidades, intereses y necesidades de cada joven. Esto implica apoyo en la organización de la vida cotidiana, el desarrollo de habilidades para la autonomía (gestión económica, vivienda, relaciones personales), orientación académica o formativa y acompañamiento en la inserción laboral y la consolidación de trayectorias profesionales.
Creación y fortalecimiento de redes de apoyo
Muchos jóvenes en situación de exclusión carecen de relaciones estables que les proporcionen seguridad emocional o referentes adultos. En este sentido, la educadora social actúa como nexo entre la persona joven y su entorno comunitario, facilitando el acceso a recursos, servicios y espacios de relación que contribuyan a sostener su proceso de inclusión.
Apoyo emocional y desarrollo de la resiliencia
El proceso de emancipación suele ir acompañado de incertidumbre, estrés y ansiedad, especialmente en ausencia de apoyos sólidos. Contar con un profesional que escuche, oriente y acompañe a reforzar la autoestima y la confianza personal actúa como un importante factor de protección en la construcción de proyectos vitales estables y sostenibles.
La aportación de las entidades del Tercer Sector
Las organizaciones del Tercer Sector social desempeñan un papel complementario y fundamental respecto a los recursos públicos. Fundaciones, asociaciones y entidades sin ánimo de lucro ofrecen recursos residenciales, programas de acompañamiento integral orientados a la autonomía y la inclusión social, así como iniciativas de inserción educativa y laboral que facilitan la transición entre la formación y el empleo. Asimismo, desarrollan proyectos comunitarios que favorecen la creación de redes de apoyo más allá de la intervención institucional.
El valor diferencial de la intervención socioeducativa
El trabajo de los educadores sociales y sus organizaciones no se limita a la gestión de recursos. Su principal aportación reside en la capacidad de generar vínculos significativos con los jóvenes, comprender sus contextos vitales y activar apoyos tanto formales como informales que potencien sus capacidades y trayectorias personales.
Entre las principales prácticas socioeducativas destacan:
- El acompañamiento individual y grupal mediante escucha activa, planificación de proyectos de vida y seguimiento de objetivos.
- La orientación educativa y laboral, con apoyo en la elaboración de currículos, la búsqueda de empleo y el acceso a formación continua.
- El desarrollo de competencias clave para la vida adulta, como la gestión del tiempo, la economía personal, las habilidades sociales y la resolución de conflictos.
- El trabajo en red con el entorno comunitario, conectando a los jóvenes con recursos locales, entidades sociales y oportunidades de participación.
Estas intervenciones actúan como un puente imprescindible entre experiencias previas de vulnerabilidad y un futuro marcado por una mayor autonomía.
Hacia un modelo de intervención integral y sostenida
El acompañamiento a jóvenes en situación de vulnerabilidad durante su transición a la vida adulta no puede entenderse como una actuación puntual ni limitada al momento en que alcanzan la mayoría de edad. La experiencia demuestra que los procesos más eficaces son aquellos que se mantienen en el tiempo, se adaptan al ritmo individual de cada joven y combinan apoyos materiales con un vínculo educativo sólido y de confianza.
Las entidades del Tercer Sector aportan un valor añadido al crear entornos seguros y flexibles donde estos procesos pueden desarrollarse. En la práctica, esto implica itinerarios en los que la educadora social acompaña a la persona joven más allá de la respuesta inmediata a una necesidad concreta. No se trata solo de facilitar una vivienda temporal, sino de trabajar de forma paralela aspectos como la gestión económica, la convivencia, la toma de decisiones y la definición de un proyecto vital realista.
De igual modo, el acceso al primer empleo suele requerir un seguimiento cercano que ayude a afrontar frustraciones, conflictos laborales o posibles abandonos, evitando que experiencias negativas refuercen dinámicas de exclusión. Gracias a su enfoque relacional y educativo, los educadores sociales se convierten en referentes adultos estables en momentos clave del desarrollo vital.
En definitiva, la colaboración entre profesionales de la educación social y organizaciones especializadas no solo compensa carencias del sistema, sino que genera oportunidades reales de inclusión. Apostar por un modelo de intervención integral y sostenida supone reconocer que el paso a la vida adulta es un proceso progresivo que requiere tiempo, confianza y acompañamiento. Solo así será posible garantizar que estos jóvenes puedan construir proyectos de vida dignos, autónomos y plenamente integrados en la sociedad.
Formación técnica: el puente hacia las profesiones del futuro
El mundo laboral está en constante movimiento. Lo que ayer era una profesión de futuro, hoy ya es una realidad. En medio de este escenario tan cambiante, una formación técnica y profesional de calidad y orientada a potenciar las competencias técnicas y transversales (FP) puede ser una pieza clave, un puente para poder desarrollar una experiencia profesional satisfactoria tanto para la empresa como para los jóvenes.
En la década de los 90 y 2000, la formación técnica era, a menudo, una opción secundaria, no era una elección vocacional; pero a día de hoy ofrece una formación de calidad que responde directamente a las necesidades del mercado. Sectores como la tecnología, la salud o las energías renovables, la economía circular, la gestión del reciclaje… entre otras materias; crecen a mucha velocidad y necesitan talento con conocimientos prácticos.
Conectando el talento con las oportunidades
¿Qué tienen en común un programador de software, un técnico de instalación de placas solares y un auxiliar de enfermería? Todos ocupan puestos que hace unos años apenas existían o tenían una demanda a escala macroeconòmica mucho menor. Ahora son profesiones altamente demandas a las que se puede acceder a través de una formación técnica sólida y enfocada.
Esta conexión no es casualidad. La FP ha sabido adaptarse, creando itinerarios formativos que responden directamente a las vacantes de los nuevos sectores. Veamos algunos ejemplos sobre cómo se ha hecho realidad.
El sector tecnológico es un gigante que no para de crecer. Desde el desarrollo de aplicaciones hasta la ciberseguridad. El desarrollo de las nubes para el almacenamiento de información o el análisis de datos, las empresas buscan perfiles muy variados. Así que ciclos formativos como el Grado Superior en Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma (DAM) o Administración de Sistemas Informáticos en Red (ASIR) preparan a los jóvenes con habilidades demandadas. Aprenden lenguajes de programación, a gestionar bases de datos y a proteger sistemas informáticos.
De modo que el resultado son jóvenes que terminan su formación y deberían poder acceder a puestos de empleo de calidad. Y las empresas, por su parte, consiguen el talento que necesitan para seguir innovando y creciendo.
También el ámbito de la salud y el bienestar de las personas se ha visto implicada la cultura de los cuidados. La sociedad cada vez es más consciente de la importancia de la salud, tanto física como mental. El envejecimiento de la población, la fragilidad de las personas mayores, así como la atención personalizada ante los nuevos retos sanitarios, han disparado la necesidad de profesionales con altas habilidades socioemocionales en el ámbito de los cuidados.
El sector de los cuidados y la dependencia demanda cada vez más a técnicos en cuidados auxiliares de enfermería, auxiliares de farmacia o especialistas en emergencias sanitarias que nunca. Formaciones como el Grado Medio en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE) ofrecen una combinación de teoría y, sobre todo, muchas horas de prácticas. Esto permite a los estudiantes no solo adquirir conocimientos, sino también desarrollar la empatía y las habilidades prácticas imprescindibles para cuidar de otras personas.
De este modo, el sistema sanitario refuerza su sistema de profesionales y las personas jóvenes encuentran una profesión con una alta empleabilidad.
La transición ecológica hacia las energías renovables lleva unos años siendo una realidad. Y para llevarla a cabo, hacen falta manos expertas que sepan gestionar las nuevas fuentes de energía. Por ejemplo, la demanda de instaladores de placas solares, especialistas en energía eólica o en eficiencia energética se ha multiplicado siendo una de las formaciones más demandadas y con una mayor inserción laboral de calidad.
Por esta razón, en los últimos años, han surgido nuevos ciclos formativos centrados específicamente en las energías renovables. Estos programas enseñan a los y las jóvenes todo lo necesario sobre tecnologías limpias, desde la instalación hasta el mantenimiento.
Más allá del empleo: una oportunidad de crecimiento vital
La conexión entre la formación técnica y el mercado laboral va mucho más allá de simplemente cubrir una vacante. Para muchas personas jóvenes, es una palanca de cambio personal y profesional que incide en su trayectoria vital.
Aprender una profesión de forma práctica y ver que eres capaz de desempeñar un trabajo genera una enorme autoconfianza y autonomía.
Un esfuerzo compartido
Que esta conexión funcione tan bien, es el resultado del trabajo conjunto de muchos actores:
- Centros educativos que actualizan sus planes de estudio y escuchan lo que necesita el mercado.
- Empresas que abren sus puertas para acoger a estudiantes en prácticas, entendiendo que son una inversión en talento futuro.
- Educadores y educadoras que acompañan a los y las jóvenes, no solo enseñando una materia, sino también transmitiéndoles confianza.
- Entidades sociales que crean puentes y ofrecen apoyo para que ninguna persona joven se quede atrás.
En definitiva, la formación técnica se ha revelado como una herramienta muy potente para generar oportunidades y responder a los retos de un mundo en constante evolución.
Las oportunidades educativas no empiezan en la escuela, empiezan antes
La educación se presenta a menudo como una carrera de fondo donde el esfuerzo individual lo es todo. Sin embargo, la realidad es más compleja. La línea de salida no es la misma para todo el mundo. Mucho antes de pisar un aula o de pensar en la universidad, las oportunidades ya han empezado a repartirse de forma desigual. El entorno familiar y, en concreto, el nivel educativo de los padres, dibuja un mapa de posibilidades que puede marcar el recorrido profesional y vital de por vida.
Un reciente informe de la OCDE pone cifras a esta realidad: el punto de partida familiar es un factor decisivo en el futuro académico y vital de los y las jóvenes. No se trata de la falta de talento o de ganas, ni tampoco de capacidades o conocimientos, sino de un sistema donde tanto las barreras como la ausencia de referentes tienen un peso enorme. Afrontar esta desigualdad no es solo una cuestión de justicia social, que lo es, sino también es una apuesta firme para invertir en el potencial de nuestra sociedad.
El eco de la educación familiar en el futuro
Las oportunidades educativas de una persona joven están fuertemente ligadas a las que tuvieron sus padres. Según el informe de la OCDE, esta conexión crea una brecha significativa que se manifiesta desde muy temprano.
Las cifras para España son un reflejo de esta situación:
- Tres de cada cuatro hijos e hijas de padres con estudios universitarios logran acceder a la universidad o a un ciclo de Formación Profesional (FP) de grado superior.
- Por el contrario, esta cifra se desploma a menos del 30% cuando los padres no completaron la Educación Secundaria Obligatoria (ESO).
Esta estadística revela una transmisión intergeneracional de la desigualdad. No es un veredicto sobre la capacidad individual, sino la consecuencia de un entorno con menos recursos, referentes y herramientas para navegar un sistema educativo que a menudo puede ser complejo y desalentador.
Más allá de las aulas: el impacto en la salud, el empleo y el bienestar
El nivel educativo alcanzado no solo determina las opciones profesionales, sino que tiene un impacto directo en prácticamente todas las áreas de la vida. La brecha que comienza en la educación se expande y afecta a los ingresos, la salud y la satisfacción personal.
- La diferencia salarial
El nivel de estudios es uno de los factores que más influye en el potencial de ingresos. En España, una mayor formación se traduce directamente en un mayor poder adquisitivo.
- Una persona con estudios superiores (universidad o FP de grado superior) gana, de media, un 49% más que alguien con estudios medios.
- La diferencia es aún más abrumadora si la comparamos con quienes solo tienen la ESO: la ventaja salarial asciende al 76%.
Este dato demuestra que la educación es una de las palancas más potentes para la movilidad social, permitiendo romper ciclos de precariedad económica.
- Bienestar y salud
La conexión entre educación y salud es sorprendentemente fuerte. Un mayor nivel educativo suele ir de la mano de un mayor conocimiento sobre hábitos saludables, mejores condiciones laborales y un acceso más eficaz a los servicios sanitarios.
- El 51% de las personas con estudios superiores afirma gozar de muy buena salud.
- Esta percepción positiva baja hasta el 29% entre quienes no finalizaron la ESO.
La formación proporciona herramientas para tomar mejores decisiones sobre el propio bienestar, generando un impacto duradero en la calidad de vida.
- Acceso al empleo
En un mercado laboral competitivo, las tasas de empleo varían drásticamente según el nivel formativo, siendo la educación el mejor seguro contra el desempleo.
- La tasa de empleo para quienes tienen estudios superiores es del 84%.
- En cambio, para aquellos que solo acabaron la ESO, la tasa de empleo se reduce al 62%.
Tener una formación superior no solo aumenta las probabilidades de encontrar trabajo, sino que también abre la puerta a empleos de mayor calidad, con más estabilidad y mejores condiciones.
La formación una palanca para igualar la línea de salida
El talento está repartido por todas partes, pero las oportunidades no. Por ello, para construir un futuro más justo es necesario intervenir directamente en aquellos contextos vulnerabilizados donde las barreras son más estructurales e impactan negativamente en las oportunidades de los y las jóvenes. No podemos cambiar el punto de partida de cada joven, pero sí podemos ofrecer el apoyo necesario para que lleguen a la meta que se propongan.
El objetivo es claro: que la educación no sea un privilegio heredado, sino una oportunidad real y accesible para todas. Este acompañamiento debe partir de un enfoque integral entre administraciones, entidades sociales… basado en un trato cercano y personalizado.
Referencias:
- https://elpais.com/educacion/2025-09-09/la-ventaja-de-ser-hijo-de-universitario-tres-de-cada-cuatro-alcanzan-educacion-superior-lo-que-les-proporciona-mejor-salario-y-salud.html
- https://www.oecd.org/en/publications/education-at-a-glance-2025_1c0d9c79-en.html
Acompañar a las personas jóvenes desde la pregunta y la escucha activa
Acompañar a las personas jóvenes desde la pregunta y la escucha activa
Sara Ortega, Project Manager Acompañamiento y Caterina Ponte, técnica de mentoría del programa Zing.
Hablar de juventud es explorar un territorio de infinitas posibilidades, desafíos y oportunidades de creación. Sin embargo, muchas veces la sociedad y, particularmente, los programas dirigidos a jóvenes, tienden a mirarlos desde una perspectiva adultocéntrica. Este enfoque está basado en estándares de vida heredados de generaciones pasadas, que proyectan trayectorias lineales como las de obtener una educación formal, un empleo estable y alcanzar hitos de manera predecible. ¿El problema? El mundo actual no funciona así. La velocidad de los cambios, la precariedad laboral y la incertidumbre que caracteriza nuestra época exigen nuevas maneras de acompañar a las personas jóvenes.
En lugar de ver estos caminos como simples trayectorias hacia un determinado destino (como la inserción laboral), es clave reconocer que estos son procesos dinámicos y únicos. A lo largo de ellos, las personas jóvenes no solo desarrollan habilidades técnicas, sino que también reconfiguran su identidad, cuestionan roles sociales y redescubren su lugar en el mundo. Este enfoque requiere una mirada que celebre la diversidad de experiencias y coloque a cada joven como protagonista en la construcción de su futuro.
Reescribir relatos, romper moldes
Las juventudes de hoy enfrentan una doble tarea. Por un lado, pueden estar sometidas a presiones externas para cumplir con expectativas que no necesariamente reflejan sus valores. Por otro, tienen el desafío de imaginar y construir nuevas narrativas sobre quiénes son y cómo desean avanzar en sus proyectos de vida. Estas nuevas historias exigen adaptabilidad, apertura y una visión crítica capaz de desafiar modelos que ya no corresponden con la realidad que vivimos.
En este contexto, el acompañamiento humano y significativo resulta fundamental. Esto no se trata solo de ofrecer herramientas, sino de promover un espacio en el que las jóvenes se sientan legitimadas para decidir, equivocarse, aprender y crear. Este tipo de acompañamiento no tiene como meta dirigirlas hacia un objetivo invariable, sino caminar junto a ellas como aliadas. Así, la práctica se convierte en un intercambio de aprendizajes en el que ambas partes crecen.
La escucha activa y el poder de la pregunta
Un elemento clave en esta práctica transformadora recae en la capacidad de formular preguntas que inviten a la reflexión, así como en la habilidad de escuchar de manera empática y activa. Se trata de dar espacio a la autonomía y al pensamiento crítico. A continuación, compartimos sugerencias para entrenar estas competencias:
¿Cómo formular mejores preguntas?
- Conocer primero
Cada buena pregunta surge de la empatía y la comprensión genuina. Antes de preguntar “¿Qué te motiva?”, asegúrate de haber explorado los intereses y preocupaciones de la joven.
- Hacer preguntas abiertas
Preguntas como “¿Qué sueñas para tu futuro?” permiten a las jóvenes conectar con sus deseos más profundos y reconocerse como protagonistas activas de sus propias vidas.
- Evitar enfoques directivos o juiciosos
Opta por preguntas colaborativas como “¿Qué podemos hacer para trabajar juntos hacia este objetivo ahora?” en lugar de juicios como “¿Por qué no aprovechaste esa oportunidad?”.
- Adaptar el lenguaje
Habla en términos que se alineen con la forma en que la joven entiende el mundo, manteniendo un tono cercano y respetuoso.
Prácticas para ejercitar la escucha activa
- Escuchar con empatía
Intenta comprender las emociones y perspectivas de la otra persona; por ejemplo, “Entiendo que esta situación te ha frustrado. ¿Quieres compartir un poco más sobre lo que sientes?”.
- Escuchar sin emitir juicios
Un enfoque libre de críticas fomenta la confianza. Cambia respuestas críticas por frases como “¿Cómo crees que podríamos enfrentar esto juntas?”.
- Usar el silencio
Dar tiempo para la reflexión es poderoso. Haz una pregunta y espera sin interrumpir, dejando que la joven procese y llegue a sus propias conclusiones.
- Reforzar de manera positiva
Frases como “Lo que estás diciendo es realmente importante” o gestos de asentimiento demuestran interés y validan sus aportes.
- Adoptar una actitud exploradora
Para evitar malentendidos, reformula lo que te cuentan: “Entonces, lo que entiendo es que…” Esto no solo ayuda a aclarar detalles, sino que refuerza el compromiso en el diálogo.
Un nuevo enfoque
Acompañar a las personas jóvenes implica mucho más que guiarlas hacia un objetivo definido; significa reimaginar juntos nuevas formas de construir el presente. Este tipo de acompañamiento basado en la curiosidad activa y el diálogo reconoce a las juventudes no como un futuro distante, sino como un presente lleno de acción e impacto. Se trata de una práctica profundamente transformadora, tanto a nivel personal como colectivo.
Al abrir puertas a conversaciones honestas, humanas e inclusivas, ayudamos a las jóvenes a entender que no existen respuestas únicas ni caminos lineales. Ellas tienen el derecho y la capacidad de diseñar, deshacer y rehacer su trayecto vital.
La importancia de incluir la mirada interseccional en los proyectos de mentoría social
La importancia de incluir la mirada interseccional en los proyectos de mentoría social
Meritxell Puértolas, Técnica de mentoría del Programa Zing; y Laura Prego, Project Manager del Programa Zing.
Es importante incluir la mirada interseccional en los proyectos de mentoría social para promover la equidad, el respeto a la diversidad y la inclusión. La interseccionalidad nos invita a comprender cómo diversas identidades y factores interactúan en contextos de poder y opresión, y cómo estas diferencias influyen en las experiencias de las personas.
Al aplicar la mirada interseccional en los programas de mentoría social, se pueden diseñar intervenciones más inclusivas y responder de manera efectiva a las necesidades específicas de cada individuo. Es fundamental reconocer los privilegios y opresiones presentes en la sociedad para generar espacios seguros donde cada persona pueda ser escuchada y respetada.
La mentoría social no solo busca acompañar a las personas, sino también fomentar comunidades implicadas y solidarias, promoviendo la participación y el intercambio de ideas. A través de esta práctica, se aspira a construir relaciones basadas en el respeto mutuo, la diversidad y la cohesión social.
En resumen, integrar la perspectiva interseccional en los proyectos de mentoría social es fundamental para promover la justicia social, la transformación comunitaria y la construcción de identidades inclusivas y abiertas al diálogo.
El nivel de estudios de las personas: ¿un factor determinante en la salud y la esperanza de vida?
El nivel de estudios de las personas: ¿un factor determinante en la salud y la esperanza de vida?
La formación académica que logra una persona puede definir sus condiciones vitales, por este motivo, reducir el abandono escolar prematuro puede ser un factor clave en la esperanza de vida de la sociedad.
Lali Bueno, Técnica de formación del Programa Zing; y Verónica González, Project Manager del Programa Zing.
El nivel de estudios puede ser un factor determinante en la esperanza de vida y la salud, y esto es especialmente relevante en contextos socioeconómicos vulnerables, donde la educación no solo influye en el bienestar individual, sino también en el desarrollo de comunidades enteras.
Los datos evidencian que la educación desempeña un papel fundamental en la mejora de las condiciones de vida y el bienestar económico de las personas, proporcionando herramientas y conocimientos que permiten a los individuos acceder a mejores empleos y, por ende, a una calidad de vida superior.
Sin embargo, es alarmante que el abandono escolar prematuro sea más prominente en hogares desfavorecidos, lo que no solo reduce las oportunidades futuras de estos jóvenes, sino que también afecta directamente su desarrollo vital y sus perspectivas a largo plazo. Este fenómeno crea un ciclo de pobreza que se perpetúa a lo largo de las generaciones. La evidencia sugiere que los individuos con un nivel de educación más alto tienen una esperanza de vida más larga, mejores condiciones de vida, y una salud en general más robusta, ya que suelen estar más informados sobre hábitos saludables y acceso a servicios de salud.
Aún más, las personas con un nivel educativo más bajo perciben su salud como peor, lo que puede influir en su bienestar emocional y psicológico, creando una sensación de desesperanza. Este artículo destaca la importancia de la prevención del abandono escolar prematuro como tarea crucial para mejorar las condiciones de vida y la salud de futuras generaciones. Fomentar un entorno educativo inclusivo y accesible es fundamental para romper el ciclo de desventaja y asegurar que todos los jóvenes tengan la oportunidad de alcanzar su máximo potencial.
Una evaluación holística de los acompañamientos de mentoría
Una evaluación holística de los acompañamientos de mentoría
Alba López Martínez y Víctor González Núñez, Técnica de mentoría y Coordinador del eje de acompañamiento.
La mentoría socioeducativa se ha consolidado como una herramienta fundamental, aunque su impacto ha sido poco evaluado empíricamente. Durante el primer Congreso de la Red Iberoamericana de Mentoría (RIME), se destacó la importancia de evaluar estos procesos para medir su impacto real y mejorar continuamente.
Para abordar esta necesidad, el proyecto de Mentoría Zing desarrolló el Índice de Calidad de los Acompañamientos (IQA), basado en 25 indicadores clave. Estos indicadores incluyen datos objetivos como la duración de la relación y el número de encuentros, así como evaluaciones del joven y del mentor.
El IQA facilita la interpretación de los escenarios, la justificación ante financiadores y la comparación entre diferentes proyectos. Aunque la autoevaluación puede presentar sesgos, se complementa con evaluaciones cualitativas para obtener una visión más completa.
Creado durante el curso 21/22, el IQA ha sido mejorado anualmente para obtener resultados más precisos y útiles. Esta herramienta es esencial para evaluar el impacto y la calidad de las relaciones de mentoría, proporcionando una visión objetiva que contribuye al éxito de los programas de mentoría socioeducativa.
Una mirada social al Abandono Escolar Prematuro (AEP)
Una mirada social al Abandono Escolar Prematuro (AEP)
Berta Viader, Técnica de formación Programa Zing; y Clara Vicente, Project Manager Programa Zing
El reciente informe PISA 2022 ha sacado a la luz desigualdades regionales en la educación española, generando un debate en torno a la calidad de la misma y los numerosos factores que la afectan. Dentro de este contexto, es esencial abordar el problema del Abandono Escolar Prematuro (AEP). Para ello, hemos estudiado los datos más actuales a nivel europeo y español, y examinado sus causas, consecuencias y posibles soluciones.
¿Qué es el AEP en España?
El AEP se refiere al porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que, a pesar de haber concluido la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), no continúan con sus estudios postobligatorios.
Las situaciones que causan el AEP son diversas y pueden ocurrir en diferentes momentos: durante la ESO, en la transición a la educación postobligatoria o durante la etapa postobligatoria (Curran y Montes, 2022).
Aunque la tasa de AEP en España ha decrecido un 10% en los últimos diez años, los datos siguen siendo alarmantes y superan la media europea. Con un índice de AEP de 13,9% en 2022, España es el segundo país europeo con más índices de AEP, solo por detrás de Rumanía.
¿Por qué ocurre el AEP?
La problemática del AEP es compleja y multifacética, y no puede ser atribuida únicamente a las habilidades o méritos individuales de los jóvenes. Se deben considerar factores estructurales como el nivel de ingresos, género, nacionalidad, lugar de residencia, estructura familiar, entre otros.
Un estudio reciente en Cataluña encontró que existe una relación directa entre los recursos económicos familiares y la tasa de AEP (Curran y Montes, 2022). El abandono escolar se sitúa principalmente en los jóvenes de mayor vulnerabilidad económica y social, y se encuentra profundamente vinculado a la desigualdad social y estructural.
¿Cómo afecta el AEP?
El AEP tiene consecuencias a nivel individual y comunitario. Abandonar los estudios tempranamente afecta al desarrollo personal de los jóvenes y a sus oportunidades laborales futuras. Además, perpetúa la desigualdad socioeconómica en las poblaciones con menores ingresos per cápita.
¿Cómo podemos abordar el AEP?
Para afrontar el AEP es necesario reducir las desigualdades sociales que afectan a la continuidad educativa de los jóvenes en situación de vulnerabilidad. Desde el Programa ZING, proponemos tres vías principales: la orientación profesional temprana y personalizada, becas económicas no meritocráticas y el acompañamiento individualizado durante la etapa formativa.
Además, para entender mejor el AEP es fundamental obtener datos específicos sobre la realidad social y educativa de los jóvenes y su bienestar subjetivo. Por ello, en ZING Programme hemos iniciado un estudio de investigación que nos permitirá identificar patrones asociados con el AEP y diseñar acciones para mitigar sus efectos.
Asumir riesgos académicos: ¿Derecho o privilegio?
La importancia de desarrollar programas de empleabilidad flexibles para jóvenes provenientes de contextos socioeconómicos vulnerables.
Arianna Ranesi Murillo, Técnica ZING Becas, Área Empleabilidad
Siempre que decidimos estudiar, estamos realizando una inversión. La importancia y el alcance de esta inversión, ya sea en términos de tiempo, recursos o dinero, estarán determinados por diversos elementos, como la duración del programa académico, la complejidad de los estudios o su costo económico. Por lo tanto, la elección de una trayectoria educativa estará fuertemente influenciada por la capacidad de inversión de cada persona o familia.
Cuando se trata de elegir un camino educativo, los jóvenes deben contar con cierto capital económico que pueda soportar no obtener beneficios o retrasar su obtención a corto plazo. Aquellos que necesiten rentabilizar rápidamente su inversión educativa no podrán asumir este costo y es más probable que terminen sus estudios después de cursar un Grado Medio y no lleguen a acceder a un Grado Superior o cursar estudios universitarios. Incluso dentro de la misma universidad, pueden optar por un itinerario académico menos costoso.
Es importante considerar también la capacidad de aprovechar la formación que se desea cursar. Para que un joven pueda hacer un uso efectivo de los recursos educativos, es necesario que cuente con condiciones sociales, escolares y familiares básicas que le brinden la estabilidad suficiente para dedicarse a su formación académica (Vallvé, 2015). Cuando estas condiciones favorables no están garantizadas, aumenta el riesgo asociado a la inversión, ya que no podrá destinar exclusivamente sus recursos (tiempo, dedicación, esfuerzo, etc.) a superar sus estudios. Como se menciona en el informe sobre «Abandono Escolar Prematuro de la Fundación Bofill», los estudiantes provenientes de entornos con mayores recursos económicos presentan tasas de abandono por debajo del 1%, mientras que aquellos que provienen de contextos más vulnerables lo hacen en casi un 20%.
Aquí es donde se destaca otra forma de desigualdad que a menudo se pasa por alto: la capacidad de afrontar el fracaso. Es decir, tener la certeza de contar con una opción alternativa en caso de no lograr el éxito (como prolongar los años de estudio, repetir asignaturas, cambiar de itinerario o de centro) nos sitúa en un escenario mucho más llevadero que aquel en el que nos encontraríamos si no tuviéramos esta opción. Al evaluar rápidamente los costos, aquellos que saben que no tienen una opción B (y necesitan garantizar el éxito de su inversión) es más probable que elijan un camino más seguro. Por lo tanto, cometer errores también se convierte en un privilegio.
Basándonos en lo anterior, se puede afirmar que un programa de becas dirigido a jóvenes en situación de vulnerabilidad económica y social, que tenga en cuenta esta premisa y sea más tolerante ante posibles errores, tendrá un impacto más significativo en la lucha contra las desigualdades sociales y educativas. Tal como afirman Mullainathan y Shafir, “(un programa flexible) posibilita que las oportunidades concedidas a las personas se ajusten al esfuerzo que le dedican y a las circunstancias que afrontan. No elimina la necesidad de trabajar intensamente, más bien permite que este esfuerzo intenso dé mejores resultados a quienes responden al desafío.” (Mullainathan y Shafir, 2016). En conclusión, cuanto más flexible sea la ayuda, más riesgos podrá asumir el joven, lo cual le permitirá optar por inversiones académicas más prometedoras que finalmente lo encaminarán hacia sectores laborales nuevos y mejores, y así romper el ciclo de desigualdad del que provenía, o al menos no impedirlo.
El reto de la intermediación laboral: una solución tecnológica
Laura Herrando, Project Manager de Zing Inserción laboral, Área de Empleabilidad
La intermediación laboral es un proceso que busca facilitar la conexión entre empleadores y trabajadores, con el objetivo de encontrar un ajuste entre las necesidades del mercado laboral y las habilidades de los candidatos. Actúa como un puente entre ambos grupos y es especialmente importante para los colectivos vulnerables que enfrentan desafíos adicionales al buscar empleo. En España, el problema del desempleo estructural es especialmente relevante, especialmente entre los jóvenes, con tasas de desempleo más altas que la media de la Unión Europea y de los países miembros de la OCDE.
Según el Consejo Económico y Social, solo una de cada cuatro personas desempleadas acude a los servicios de empleo y estos gestionan menos del 5% de las vacantes. Por tanto, la búsqueda de empleo se concentra principalmente en portales de ofertas online y contactos personales.
La nueva Ley de Empleo, Ley 03/2023, tiene como objetivo mejorar la empleabilidad y la intermediación laboral. La futura Agencia Española de Empleo se espera que mejore el impacto de los servicios públicos de empleo y publique una «tasa de intermediación» oficial para medir su evolución.
La intermediación laboral enfrenta desafíos en la inserción laboral de colectivos vulnerables, como el estigma y la discriminación, el acceso limitado a recursos educativos y la falta de conciencia sobre oportunidades laborales. Además, es importante que los procesos de intermediación sean ágiles para satisfacer las demandas de las empresas.
Desde la Fundación Nous Cims hemos desarrollado una herramienta tecnológica que utiliza la inteligencia artificial para conectar oportunidades laborales con candidatos de manera prácticamente inmediata a través de Whatsapp. Esto permite una difusión ágil y proactiva de las ofertas y una respuesta inmediata de los usuarios, lo que agiliza el proceso de preselección y derivación de candidatos.










