Autoria: Relmu Gedda. Sociólogo, máster en educación y evaluación educativa por la Universidad de La Frontera (Chile), y doctor en sociología por la Universitat Autònoma de Barcelona. Sus áreas de investigación son las políticas de inclusión y acceso a la educación, las reformas regulatorias, y los fenómenos vinculados a las trayectorias educativas en contextos de desigualdad social. relmu.gedda@uab.cat
Abandono y vinculación escolar: una mirada dual
Cuando hablamos del abandono escolar prematuro (AEP), solemos pensar en quienes dejan los estudios, pero para llegar a ese punto, normalmente se recorre un camino muy largo en el que se entrecruzan diferentes ejes de desigualdad y de escasez de oportunidades. Una forma de luchar contra el AEP es lograr que el estudiantado mantenga altos niveles de vinculación con el ámbito educativo. La vinculación escolar incluye los aspectos conductuales (asistir y participar), los emocionales (sentirse parte y valorar lo que se hace) y los cognitivos (implicarse en el aprendizaje), según Fredricks, Blumenfeld y Paris (2004). Cuando alguna de estas dimensiones falla, el riesgo de desenganche aumenta, aunque no siempre se traduzca en un abandono inmediato. De hecho, Curran (2017) documentó cómo los y las jóvenes se desvinculan progresivamente de la escuela sin que el sistema lo detecte, porque siguen asistiendo y no se activan alarmas ni se producen conflictos. Así, centrar la mirada solo en quienes se van impide ver a quienes se quedan sin estar del todo vinculados.
Los perfiles conocidos: quiénes abandonan más
Los datos son claros respecto de los perfiles de mayor riesgo de abandono. En España, la tasa de AEP se sitúa entre las más altas de Europa y afecta de forma mayor a los chicos: en Catalunya, un 17,1% de los chicos abandona en 4º de ESO, frente a un 12,7% de las chicas, una brecha de entre 3 y 6 puntos que se ha mantenido estable durante al menos siete cursos (Zancajo y Bueno, 2026). A estas diferencias de género se suman otras variables bien documentadas: el origen socioeconómico, el perfil migratorio y el nivel educativo familiar condicionan fuertemente las trayectorias escolares (Tarabini, 2017). Hasta aquí, el retrato es conocido: abandonan más los chicos, el alumnado de origen migrante y quienes provienen de hogares con menos recursos.

Lo que los datos de ZING añaden: la desvinculación silenciosa de las chicas
En el programa ZING, se realizan una serie de cuestionarios aplicados a este contexto que miden tres ámbitos: la vinculación escolar del alumnado, su bienestar subjetivo y sus competencias socioemocionales. Los resultados del curso 2024-2025 (n=1.292 estudiantes) introducen un matiz importante a lo planteado previamente. El género resulta ser la variable con mayor impacto en el bienestar subjetivo del alumnado, pero en una dirección que no se corresponde con los perfiles de abandono: son las chicas quienes puntúan significativamente más bajo, sobre todo en el componente intrapersonal (autoestima, seguridad en sí misma, satisfacción vital). En este sentido, del grupo de estudiantes con niveles más bajos de vinculación y bienestar, el 70,6% son chicas. Sin embargo, la tasa de abandono del programa es apenas del 4,8%, y ningún alumno o alumna con alta vinculación o alto nivel de bienestar, abandonó.

Es decir, las chicas no se van, pero tampoco están del todo bien ni a gusto. Este es un tipo de desvinculación más silenciosa, una forma de desenganche que no se expresa en absentismo ni en conflicto dentro del aula o los espacios escolares (Curran, 2017), sino en un repliegue emocional difícil de detectar con los indicadores habituales. Datos recientes como el Barómetro de UNICEF (2024) confirman que, en aspectos como la “tristeza” o la “libertad para hacer lo que quiero”, las chicas presentan resultados menores que los chicos (22% vs 13% en el primer caso y 48% vs el 59% en el segundo).

Es importante activar las alarmas y prestar toda la atención posible a las señales más silenciosas.
Finalmente, aunque estos datos iluminan una dimensión de género que puede quedar invisible, no agotan la complejidad del problema. Las desigualdades educativas se construyen en la intersección de múltiples ejes (origen social, clase, perfil migratorio, territorio), que no siempre quedan reflejados en todas las fuentes ni en todos los indicadores. Lo que mostramos aquí es una pieza del rompecabezas, que pretende que se incrementen los esfuerzos para avanzar hacia una mayor equidad y justicia en el campo educativo.
Referencias
Curran, M. (2017). ¿Qué lleva a los jóvenes a dejar los estudios? Explorando los procesos de (des)vinculación escolar desde una perspectiva de clase y género. https://ddd.uab.cat/pub/tesis/2017/hdl_10803_405662/mcf1de1.pdf
Fredricks, J. A., Blumenfeld, P. C. y Paris, A. H. (2004). School engagement: Potential of the concept, state of the evidence. Review of Educational Research, 74(1), 59-109. https://doi.org/10.3102/00346543074001059
Tarabini, A. (2017). L’escola no és per a tu: el rol dels centres educatius en l’abandonament escolar. Fundació Jaume Bofill. https://www.equitat.org/publicacions/lescola-no-es-tu
UNICEF Comité Español. (2024). Barómetro de Opinión de la Infancia y la Adolescencia 2023-2024. UNICEF España. https://www.unicef.es/sites/unicef.es/files/communication/Barometro-infancia-2023-2024.pdf
Zancajo, A. y Bueno, C. (2026). L’abandonament escolar a secundària: Radiografia d’un estancament. Fundació Equitat.org. https://www.equitat.org/publicacions/labandonament-escolar-a-secundaria-radiografia-dun-estancament
